When Malinalli, a member of the tribe conquered by the Aztec warriors, first meets the conquistador Hernán Cortés and becomes his interpreter, she -- like many -- believes him to be the reincarnated forefather god of her tribe. Naturally, she assumes she must welcome him, and help him destroy the Aztec empire and free her people. The two fall passionately in love, but Malinalli soon realizes that Cortés's thirst for conquest is all too human, and that he is willing to destroy anyone, even his own men -- even their own love.
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La mujer que siempre nos vendieron como traidora, como el arquetipo de maldad femenina. Aquella que “nos” maldijo, que trajo la desgracia… ahora la veo con otros ojos. Si bien he de ser escéptica al romanticismo con el que Esquivel interpreta a esta mujer, es una de las tantas posibilidades de lo que ocurrió en su alma y pensamientos, mientras todo lo que conocía se derrumbaba y se destruía para dar paso a una nueva nación.
Leo palabras mayas, en náhuatl, y es como recordar un sueño de hace años, cuando creías haberlo olvidado. Vienen a mí frases, imágenes de caleidoscopio que me hacen cerrar los ojos por momentos, una breve intensidad que se desvanece en cuestión de segundos.
Estoy allí, en la conquista, junto a Malinalli, sus granos de maíz, las montañas, la tierra cálida. Me susurra y me dice: “yo no soy lo que te contaron de mí, el perdón para las mujeres no existe”. Y le creó, porque castigadas estamos todas desde Eva y el Paraíso, desde entonces siempre somos condenadas, brujas, las culpables de las desgracias. Nunca es cuestión de los hombres que se aferran a su ente animal, a su egoísmo, su agresividad, su patriarcado. “Así podría haber sucedido”, es lo que Esquivel intenta hacernos ver… que hay dos versiones de la historia, o tres, o cien. Dudo que una persona tuviera tanta ambición, tanta negrura en el alma para realmente confabular para que su propio pueblo cayera.